Estudiar una carrera universitaria desde otro país, sostener una vida laboral activa y volver a las aulas después de años de ejercicio profesional puede parecer un desafío complejo. Sin embargo, para Andrés Orrego Vieira, abogado chileno y estudiante de Psicología a distancia, la experiencia terminó convirtiéndose en mucho más que una formación académica: una nueva forma de habitar la universidad.
“Sentí que estaba asistiendo realmente a una universidad y no solamente frente a una pantalla”, resume Andrés al hablar de su recorrido en la modalidad de a distancia de nuestra universidad.
Actualmente cursa la carrera de Psicología y ya transita la mitad del trayecto académico. Su vínculo con Argentina venía desde mucho antes: amigos, viajes y una afinidad cultural que lo llevó a pensar, incluso, en la posibilidad de vivir en el país en algún momento de su vida. Esa cercanía fue también uno de los motivos que lo impulsaron a buscar opciones de formación universitaria en instituciones nacionales.
Antes de llegar a la Atlántida había tenido otras experiencias de educación a distancia, aunque asegura que acá encontró algo distinto. “La experiencia en la Atlántida ha sido completamente diferente”, cuenta. “Hay una sensación de cercanía muy fuerte. Las clases sincrónicas, el vínculo con docentes y compañeros, la horizontalidad… todo eso hace que uno realmente se sienta parte”.
En su relato aparecen con frecuencia las diferencias culturales entre Chile y Argentina, especialmente en la manera de vivir la experiencia universitaria. Acostumbrado a una formación tradicional y solemne dentro del Derecho, encontró en nuestra universidad una dinámica más cercana y participativa.
“Venía de una carrera donde el profesor siempre estaba lejos. Acá encontré otra personalidad, otra forma de relacionarse. Me gusta mucho esa cercanía”, expresa.
Además de estudiar, Andrés trabaja como abogado y atraviesa una etapa personal intensa: tiene dos hijas adultas y recientemente volvió a ser padre. Aun así, destaca que la modalidad a distancia le permitió continuar formándose sin abandonar su vida profesional y familiar.
“La exigencia es alta y a veces cuesta acomodar los tiempos, pero también eso obliga a mantenerse conectado con los contenidos semana a semana. No es una carrera que se pueda dejar para último momento”, señala.
Más allá de lo académico, uno de los aspectos que más valora de su experiencia es el enfoque humano y social presente en la formación. Andrés nació en Chile, pero pasó parte de su infancia y adolescencia en el exilio junto a su familia, viviendo en Cuba y Venezuela antes de regresar a su país. Esa historia personal hizo que encontrara un espacio de identificación en las propuestas vinculadas a derechos humanos y memoria impulsadas por la universidad.
“Me siento identificado con ese enfoque. Participé en actividades por los 50 años del golpe y la verdad es que me sentí muy cómodo. Son temas importantes para mí y siento que la universidad los trabaja con compromiso”, relata.
La elección de Psicología tampoco fue casual. Aunque continúa ejerciendo como abogado, Andrés reconoce que la nueva carrera comenzó a transformar incluso su manera de relacionarse con las personas en el ámbito laboral.
“A veces llegaban clientes pensando que tenían un problema jurídico y en realidad necesitaban ser escuchados. Siento que estudiar Psicología me dio otra forma de acompañar situaciones de conflicto y otra capacidad para escuchar”, explica.
Hoy, mientras continúa cursando desde Chile y proyecta el futuro entre clases, trabajo y familia, asegura que volver a estudiar fue una de las mejores decisiones que tomó.
“Estoy muy contento con la universidad. Siento que es una institución que se toma las cosas en serio y que la formación que estoy recibiendo es realmente buena”, concluye.





