Esta nueva entrega del ciclo dedicado a Interpelarmente reúne tres producciones que, desde experiencias muy diferentes, se preguntan por aquello que sostiene a los sujetos cuando los vínculos, las instituciones o las condiciones de vida ponen en tensión su posibilidad de desear, elaborar una pérdida o sentirse parte.
¿Qué ocurre con el deseo cuando una institución regula cada aspecto de la vida cotidiana? ¿Cómo se atraviesa una pérdida que muchas veces carece de palabras y reconocimiento social? ¿Por qué, en una época atravesada por la conexión permanente, podemos sentirnos cada vez más solos?
Una producción de cada número de la revista de la cátedra de Psicología Institucional y Organizacional de la Atlántida permite recorrer estas preguntas desde el trabajo de estudiantes y desde escenarios tan diversos como el sistema penitenciario, el duelo perinatal y un Hogar de Día.
El deseo dentro del encierro
En “La encerrona del deseo”, Abril Lucía Reimondez Pretti analiza su experiencia en las prácticas profesionales supervisadas de Psicología Jurídica para pensar las condiciones del sistema penitenciario y sus efectos sobre quienes lo habitan.
La cárcel aparece en el artículo no solamente como un espacio de privación física de la libertad. El hacinamiento, el aislamiento, las condiciones materiales, las jerarquías y las relaciones de poder conforman un entramado que interviene también sobre la subjetividad de las personas privadas de su libertad.
A partir de conceptos como lo instituido y lo instituyente, la autora se pregunta de qué manera ese orden condiciona incluso el deseo. La denominada “buena conducta”, por ejemplo, permite acceder a determinados beneficios dentro del penal y convierte así el deseo de libertad en algo regulado por las propias reglas de la institución.
Sin embargo, el análisis no elimina por completo la posibilidad de transformación. Incluso dentro de un sistema fuertemente estructurado la dimensión instituyente permite pensar la capacidad de imaginar otras significaciones y sostener un deseo que exceda las fronteras impuestas por el encierro.
Leé “La encerrona del deseo” en el primer número de Interpelarmente
Dar lugar a una pérdida que también necesita ser nombrada
“Antes de conocerte, ya te extrañaba: ¿por qué es importante el duelo perinatal?”, de Ana Paula Longo, parte de una experiencia diferente para detenerse en una pérdida que no siempre encuentra reconocimiento suficiente.
La autora aborda el duelo perinatal y plantea una pregunta central ¿cómo se elabora la pérdida de un bebé con el que ya se había comenzado a construir un vínculo? El artículo permite pensar que ese duelo no remite únicamente a una ausencia física, sino también a las expectativas, los deseos y las fantasías construidas alrededor de quien ya ocupaba un lugar dentro de una configuración familiar.
Poner esa pérdida en palabras aparece entonces como parte del proceso de elaboración. También adquieren relevancia los rituales, las redes familiares y sociales y las diferentes maneras de acompañar a quienes atraviesan esa experiencia.
El texto incorpora además la dimensión institucional y de las políticas públicas.La Ley 27.733, conocida como ley Johanna, recupera la necesidad de una atención especializada durante el período perinatal y de un acompañamiento que permita a las familias transitar el duelo. El reconocimiento deja así de ser únicamente una cuestión individual: también involucra a los profesionales, al sistema de salud y al Estado.
Leé “Antes de conocerte, ya te extrañaba” en el segundo número de Interpelarmente
Estar conectados no siempre significa sentirse acompañados
En el tercer número, Antonella Citro parte de una contradicción propia de nuestro tiempo. “La soledad en tiempos de conexión” comienza allí donde la hiperconectividad parece haber multiplicado las posibilidades de comunicarnos, pero no necesariamente las posibilidades de encontrarnos.
Mensajes, imágenes, publicaciones y respuestas inmediatas pueden mantenernos permanentemente en contacto con otras personas. Sin embargo, la autora se pregunta si esa multiplicación de conexiones alcanza para construir vínculos y, especialmente, para producir una experiencia de pertenencia.
Su paso por un hogar de día permite pensar el problema desde otra perspectiva. Allí, sostiene, la diferencia no radica necesariamente en la cantidad de conexiones sino en la calidad de los lazos que pueden construirse. El cuidado, el reconocimiento y la presencia transforman a determinados espacios institucionales en lugares donde es posible sentirse parte.
La pertenencia aparece entonces como una construcción colectiva. No se trata solamente de ocupar un espacio, sino de ser esperado, reconocido y recordado por otros. Frente a una época marcada por la exposición permanente y la acumulación de contactos, el artículo propone volver la mirada hacia la fragilidad de los lazos y hacia aquellas instituciones capaces de producir encuentro, amparo y sostén subjetivo.
Leé “La soledad en tiempos de conexión” en el tercer número de Interpelarmente
Entre aquello que falta y aquello que sostiene
Una cárcel, un duelo perinatal y un hogar de día parecen, en principio, experiencias difíciles de reunir. Sin embargo, las tres producciones permiten observar algo común: la subjetividad no se construye de manera aislada. El deseo puede encontrarse condicionado por las reglas de una institución. Una pérdida necesita reconocimiento y acompañamiento para encontrar formas de elaboración. La pertenencia requiere algo más que estar rodeados o conectados con otras personas.
Desde diferentes recorridos, Abril Lucía Reimondez Pretti, Ana Paula Longo y Antonella Citro colocan así una misma cuestión en el centro: los vínculos y las instituciones pueden limitar, regular y producir sufrimiento, pero también pueden ofrecer palabras, reconocimiento y espacios desde los cuales volver a construir algo posible.





