Cada 6 de abril se conmemora el Día Mundial de la Actividad Física, una fecha impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el objetivo de concientizar sobre la importancia del movimiento en la vida cotidiana y su impacto directo en la salud integral.
Lejos de tratarse únicamente de la práctica deportiva, la actividad física abarca todo movimiento corporal que implique gasto de energía: caminar, trasladarse, jugar, entrenar o realizar tareas cotidianas. Incorporarla de manera regular no solo mejora la condición física, sino también fortalece la salud mental, reduce el estrés y previene enfermedades crónicas como la diabetes, las afecciones cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.
En un contexto global donde el sedentarismo se consolida como uno de los principales factores de riesgo de mortalidad, promover estilos de vida activos se vuelve una responsabilidad colectiva. La evidencia es clara: la actividad física regular mejora la calidad de vida, favorece el bienestar emocional y potencia el desarrollo cognitivo en todas las edades.
En este marco, la Atlántida asume el compromiso de integrar la actividad física como parte de su identidad institucional, entendiendo que la formación académica no puede pensarse por fuera del bienestar integral de su comunidad.
La propuesta académica vinculada al movimiento y al deporte se expresa, en primer lugar, a través del Profesorado de Educación Física, un espacio de formación que no solo capacita profesionales sino que también promueve una mirada pedagógica sobre el cuerpo, el juego y la salud. A esto se suman los ciclos de complementación en Gestión Deportiva, orientados a fortalecer perfiles capaces de diseñar, coordinar y gestionar proyectos en el ámbito del deporte y la actividad física.
Asimismo, la Universidad cuenta con un programa de Deportes que acompaña a estudiantes que practican disciplinas de manera federada, entendiendo las exigencias que implica compatibilizar el alto rendimiento con la vida académica. Este acompañamiento no solo facilita la continuidad de las trayectorias educativas, sino que además reconoce al deporte como una dimensión clave en la formación personal y profesional.
Al mismo tiempo, se promueven de manera sostenida actividades deportivas y recreativas abiertas a estudiantes, docentes y personal de apoyo, generando espacios de encuentro, integración y bienestar dentro de la comunidad universitaria.
Pensar la actividad física desde esta perspectiva implica reconocerla no solo como un hábito saludable, sino como una herramienta de transformación social. Fomentar el movimiento es también promover valores como el trabajo en equipo, la constancia, el respeto y el cuidado de uno mismo y de los otros.





