Con una extensa trayectoria en el ámbito académico y profesional, Guillermo Monroy decidió volver a ser estudiante. Ingeniero industrial egresado de la Universidad de Buenos Aires, con un máster en Desarrollo y Comportamiento Organizacional cursado en Chile, docente universitario desde 1989 y especialista en gestión, liderazgo y procesos de cambio organizacional, hoy transita el tercer año de la Licenciatura en Psicología en la Atlántida, en la modalidad a distancia.
Lejos de tratarse de un giro improvisado, su decisión responde a una búsqueda profunda: comprender cómo aprenden las personas y cómo se construye el criterio en contextos atravesados por transformaciones tecnológicas, culturales y sociales.
“Siempre que estudio algo trato de entender por qué y para qué. Y en general hay muchas cosas que están todas conectadas entre sí”, explica.
De la ingeniería a la psicología: una continuidad
Aunque a primera vista pueda parecer un cambio de rumbo, Monroy entiende su formación como un proceso coherente. Desde la ingeniería trabajó durante más de veinte años en el desarrollo de organizaciones, liderando procesos de cambio en distintos países de América Latina y Estados Unidos. Sin embargo, advierte que toda transformación organizacional exige una comprensión profunda de los sujetos que la integran.
“Para que una organización cambie y mejore tenés que trabajar con las personas, con los sujetos, con los individuos, con sus realidades. Y la psicología me parece el abordaje más completo para entender cómo es que la gente aprende y por qué aprende”.
Su interés por la inteligencia artificial y los sistemas expertos, tema sobre el que ha escrito una serie de ensayos, se vincula directamente con esta preocupación. Desde su perspectiva, el problema no es la tecnología en sí misma sino la ausencia de una reflexión ética que la oriente. “No es cuestión de tener solamente algoritmos. Necesitás algoritmos y algo más. Ese algo más es lo que da la ética, la responsabilidad humana para con el bienestar común”.
Psicología y pensamiento crítico
Uno de los aspectos que más destaca de su experiencia en la Atlántida es el enfoque crítico que atraviesa la formación.
“El criterio que los docentes tienen y ejercitan llama a estudiar en un contexto que respeta e incentiva el espíritu crítico, pero no desde la crítica vacía sino desde el sentate y propone”.
En este sentido, subraya que el aprendizaje no se limita a la incorporación de contenidos sino que implica la capacidad de formular preguntas pertinentes.
Este desplazamiento, sostiene, es central en tiempos de sobreabundancia informativa. Frente a estudiantes que acceden de manera inmediata a múltiples fuentes, el rol docente se redefine. “No se trata de que la persona se nutra de mi fuente de información sino de que aprenda a tener criterio para indagar, para proponerse un objetivo y no perderse frente a la multiplicidad de datos”.
Gerontología, economía plateada y nuevas miradas
Otro de los descubrimientos significativos de su recorrido en la carrera fue el campo de la gerontología. A partir del contacto con el Instituto de Estudios Gerontológicos de la Universidad y el trabajo académico en esa línea, comenzó a cuestionar las representaciones sociales en torno a la jubilación y al envejecimiento.
“Me di cuenta de que mediana edad y gerontología es un espacio en el cual nos faltan kilómetros de aportes para lograr una equidad parecida a la de otros segmentos etarios”. En este sentido también ha podido pensar propuestas para integrar estos conocimientos en otra de sus grandes pasiones: su rol como entrenador y árbitro de rugby.
Por otro lado, desde su experiencia en el ámbito empresarial advierte que en Argentina persiste una lógica que descarta a las personas mayores bajo el argumento de la eficiencia económica. Esta mirada no solo empobrece a las organizaciones sino que produce efectos subjetivos profundos.
“Cuando uno se jubila se acaba lo que uno hacía y se confunde con que se acaba lo que uno es. Pero nunca dejaste de ser creativo, responsable o capaz de liderar. Dejaste de hacerlo para una empresa determinada”.
En línea con el concepto de economía plateada, propone pensar espacios institucionales y comunitarios que integren activamente a las personas mayores, reconociendo su experiencia como capital social.
Una formación que interpela
Para Monroy, estudiar Psicología no implica abandonar su recorrido previo sino resignificarlo. La formación le permite integrar dimensiones éticas, sociales y subjetivas a su práctica docente y profesional. “Lo que tiene que quedar de este trabajo es algo que nos deje enganchados en proponer, en aportar desde el metro cuadrado que tengamos”.
Su experiencia pone en evidencia que la universidad es también un espacio de formación permanente, abierto a trayectorias diversas. En su caso, la decisión de volver a cursar un grado no responde a una necesidad instrumental sino a una convicción profunda sobre el valor del pensamiento crítico y el compromiso con el bienestar común.
En tiempos atravesados por debates sobre tecnología, educación, inclusión y envejecimiento su recorrido encarna una idea de formación que no se agota en la obtención de un título sino que se sostiene como práctica vital.
“La inteligencia humana tiene que estar al servicio de los demás, no solo con una mirada lucrativa sino con una mirada de desarrollo”.





