Cada 17 de septiembre, el Día del Psicopedagogo y la Psicopedagoga invita a mirar una profesión cuyo campo de acción se transformó junto con la sociedad. Trayectorias educativas diversas, inteligencia artificial, inclusión, nuevas demandas laborales y aprendizajes que continúan durante toda la vida amplían hoy una tarea que ya no puede pensarse solamente dentro del aula.
Aprender a leer. Aprender a estudiar. Elegir una carrera. Incorporarse a un nuevo trabajo. Volver a formarse después de muchos años. Adaptarse a una tecnología desconocida. Reorganizar la vida después de una jubilación. Todos esos procesos, aunque ocurran en momentos y escenarios muy distintos, tienen algo en común: ponen a una persona frente al desafío de aprender.
Ese punto de partida permite comprender por qué la Psicopedagogía ha ido ampliando sus fronteras. Su campo ya no puede asociarse únicamente con un niño o una niña que presenta dificultades en la escuela ni con una intervención que comienza cuando algo “no funciona”. El aprendizaje acompaña toda la vida y está atravesado por dimensiones cognitivas, emocionales, sociales, culturales e institucionales. Allí aparece una profesión que observa esos procesos, busca comprenderlos y trabaja para generar mejores condiciones para que puedan producirse.
La propia regulación profesional en distintas jurisdicciones argentinas da cuenta de esa amplitud. Las incumbencias contemplan intervenciones vinculadas con el aprendizaje en ámbitos educativos, de salud, laborales, comunitarios y jurídico-forenses, además del ejercicio independiente y la investigación. También incluyen tareas de prevención, orientación y asesoramiento, y no solamente de diagnóstico o tratamiento.
Una fecha con historia
El 17 de septiembre de 1982, profesionales de distintas provincias se reunieron en San Juan, convocados por el Colegio Profesional de Psicopedagogos de esa provincia, para constituir la Federación Argentina de Psicopedagogos. Participaron representantes de Buenos Aires, Río Negro, Misiones, Córdoba, Mendoza, Entre Ríos y San Juan. Aquella fecha quedó instituida como el Día del Psicopedagogo y la Psicopedagoga en Argentina.
La conmemoración también permite recuperar una tradición de pensamiento que transformó profundamente la manera de estudiar la construcción del conocimiento y el desarrollo del aprendizaje. Aportes provenientes de la Psicología, la Pedagogía, las Ciencias de la Educación y otros campos fueron construyendo nuevas preguntas sobre cómo aprendemos, qué condiciones favorecen ese proceso y qué sucede cuando aparecen obstáculos.
Más de cuatro décadas después de aquella reunión en San Juan, esas preguntas continúan abiertas. Lo que cambió son los escenarios en los que deben formularse.
Cuando sostener una trayectoria también es parte del aprendizaje
Los desafíos actuales de la educación muestran por qué resulta insuficiente pensar el aprendizaje únicamente en términos de rendimiento individual. En su programa de trabajo 2026-2030, UNICEF Argentina advierte que garantizar trayectorias educativas completas y aprendizajes de calidad continúa siendo un reto para el país. Según el organismo, el 7,7 % de las y los adolescentes está fuera de la escuela y, entre quienes asisten, un 40 % finaliza el secundario después de los 19 años. En el nivel secundario, además, persisten importantes dificultades para alcanzar los aprendizajes esperados en áreas fundamentales como Matemática y Lengua.
Detrás de esos datos conviven realidades económicas, familiares, institucionales y territoriales muy diferentes. No se trata de convertir cada dificultad educativa en un problema individual. Precisamente, una mirada contemporánea sobre el aprendizaje exige preguntarse por las condiciones en las que una persona aprende, por los obstáculos que encuentra y por los apoyos que necesita.
Por eso, el trabajo psicopedagógico puede desplegarse junto a estudiantes, familias, docentes, equipos de orientación y otros profesionales. Puede intervenir ante una dificultad concreta, pero también anticiparse a ella, acompañar una transición, fortalecer una trayectoria o participar en la construcción de estrategias institucionales de inclusión.
La permanencia dentro del sistema educativo depende de factores escolares y extraescolares. Proteger las trayectorias implica, entonces, poder identificar situaciones de riesgo, generar apoyos oportunos y evitar que una dificultad puntual se transforme en una interrupción permanente del vínculo con el aprendizaje.
Nuevas tecnologías, nuevas preguntas sobre cómo aprendemos
A estos desafíos se suma una transformación que atraviesa actualmente a todos los niveles educativos: la expansión de la inteligencia artificial y de las tecnologías digitales. La pregunta ya no pasa solamente por incorporar herramientas, sino por comprender qué hacen esas herramientas con nuestras maneras de buscar información, leer, resolver problemas, crear y tomar decisiones.
Organismos internacionales como la UNESCO vienen insistiendo en la necesidad de preservar la autonomía y la capacidad crítica de las personas frente a los procesos de automatización. El desafío no consiste únicamente en aprender a utilizar inteligencia artificial, sino también en comprender sus alcances y limitaciones, reconocer sesgos, evaluar la información que produce y decidir cuándo y para qué utilizarla.
Para la Psicopedagogía, este escenario abre un campo de observación y trabajo que todavía está en pleno desarrollo: ¿Qué significa aprender cuando una respuesta puede generarse en segundos? ¿Cómo distinguir asistencia de dependencia? ¿Qué capacidades conviene fortalecer cuando parte de las tareas cognitivas puede delegarse a una herramienta? ¿Cómo garantizar que las tecnologías amplíen oportunidades sin profundizar desigualdades? Son preguntas que exceden cualquier disciplina y requieren abordajes interdisciplinarios.
En nuestra universidad, estas transformaciones ya forman parte de experiencias concretas de formación. Durante 2026, estudiantes de Psicología y Psicopedagogía participaron, por ejemplo, de simulaciones de entrevistas mediadas por inteligencia artificial para ejercitar la escucha, detectar sesgos, contrastar información y reflexionar sobre los límites éticos del uso de estas tecnologías.
Aprender después de la escuela
La amplitud de la Psicopedagogía también se vuelve visible cuando se observa aquello que sucede fuera del sistema educativo formal. Las personas aprenden cuando ingresan a una organización, cuando necesitan adquirir nuevas competencias laborales, cuando atraviesan una reconversión profesional o cuando deben tomar decisiones sobre su futuro. También aprenden durante la adultez y la vejez.
El aprendizaje a lo largo de toda la vida adquiere una importancia particular en sociedades atravesadas por transformaciones tecnológicas cada vez más rápidas. La inclusión digital de las personas mayores es un ejemplo. Las dificultades para acceder a tecnologías y desarrollar competencias digitales pueden limitar no solo el acceso a información, sino también la autonomía, la comunicación, la realización de trámites y la participación social.
Pensar el aprendizaje desde esta perspectiva modifica también la pregunta profesional. Ya no se trata exclusivamente de “qué dificultad tiene esta persona”, sino de qué necesita aprender, qué recursos posee, qué condiciones la rodean y de qué manera puede construir mayor autonomía. Ahí reside una de las dimensiones sociales más significativas de la Psicopedagogía: contribuir a que aprender siga siendo una posibilidad en diferentes edades, circunstancias y contextos.
Formar profesionales para escenarios cada vez más diversos
Frente a este panorama, la formación universitaria necesita acompañar la ampliación del propio campo profesional. La Atlántida cuenta actualmente con una Licenciatura en Psicopedagogía, una carrera de grado de cuatro años y modalidad a distancia. Su propuesta articula el estudio de los procesos de aprendizaje con contenidos vinculados con neurociencias, orientación educativa y ocupacional, Psicopedagogía organizacional y laboral, salud y comunidad, tecnologías y problemáticas psicopedagógicas contemporáneas. La formación incluye además Laboratorios de Simulación de Casos a lo largo de la carrera y una Práctica Profesional Supervisada, que permiten vincular los conocimientos teóricos con distintos escenarios de intervención.
Esa diversidad no es solamente una característica del plan de estudios: expresa un cambio en el modo de entender la profesión. Formarse para intervenir hoy supone poder trabajar con diferentes edades y contextos, integrar equipos interdisciplinarios, analizar críticamente las tecnologías y comprender que detrás de cada proceso de aprendizaje existe una persona situada en una historia, una institución y una comunidad.
Nuestra universidad ofrece también un Ciclo de Complementación Curricular de la Licenciatura en Psicopedagogía, de tres cuatrimestres y modalidad a distancia, destinado a quienes cuentan con determinadas titulaciones terciarias previas en el campo y buscan completar su formación universitaria.
El derecho a seguir aprendiendo
El Día del Psicopedagogo y la Psicopedagoga es una oportunidad para reconocer a quienes ejercen la profesión, pero también para volver sobre una pregunta que atraviesa buena parte de los desafíos actuales: cómo garantizar que más personas puedan aprender, participar y construir autonomía en una sociedad que cambia rápidamente.
En las escuelas, las universidades, los espacios de salud, las organizaciones, las comunidades y también en etapas de la vida que durante mucho tiempo quedaron fuera de la mirada educativa, aprender continúa abriendo posibilidades. Acompañar esos procesos, comprender su complejidad y construir mejores condiciones para que ocurran es parte del presente (y también del futuro) de la Psicopedagogía.





