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EXPERIENCIA ATLÁNTIDAOPINIÓN

Inteligencia artificial y malestar en la cultura: ¿qué lugar queda para lo humano?

Atlántida
Atlántida7 de septiembre de 2026No hay comentarios
Publicado en Sep. 07, 2026 at 5:50 pm14 de septiembre de 2026
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A partir de la obra de Sigmund Freud, el ingeniero y docente Alfredo Moreno propone pensar las tecnologías digitales más allá de sus posibilidades técnicas: quién concentra el poder, cómo las plataformas intervienen sobre nuestros deseos y qué herramientas tenemos para recuperar una relación crítica con la tecnología.

¿Qué puede decir un texto escrito hace casi un siglo sobre inteligencia artificial, redes sociales, algoritmos y plataformas digitales? Alfredo Moreno, ingeniero especialista en Tecnologías de la Información y la Comunicación tomó El malestar en la cultura, de Sigmund Freud como punto de partida para analizar algunas de las tensiones que atraviesan nuestra relación contemporánea con la tecnología.

La reflexión formó parte del conversatorio “El malestar en la cultura y la inteligencia artificial: la técnica y lo humano”, realizado en el marco de las XII Jornadas Anuales de Investigación de la Atlántida. La actividad contó con la participación de Ana María Careaga y propuso poner en diálogo distintas perspectivas en torno a una pregunta común: qué sucede con lo humano frente a las transformaciones que introducen las tecnologías digitales y, particularmente, la inteligencia artificial.

A partir de ese marco, Moreno llevó la discusión hacia las implicancias sociales, culturales y políticas de estas tecnologías y hacia las relaciones de poder que se construyen alrededor de ellas.

“El disparador central acá es El malestar en la cultura”, explica Moreno. La elección no es casual: cuando Freud escribió esa obra no existían computadoras, teléfonos celulares ni internet. Sin embargo, sostiene el especialista, algunos de los conflictos planteados allí permiten formular preguntas sobre fenómenos muy actuales.

Una tecnología que encuentra terreno en lo humano

Uno de los puntos centrales es que los problemas asociados con las tecnologías digitales no pueden explicarse únicamente por sus características técnicas. También es necesario observar qué encuentran esas tecnologías en las personas y en las sociedades que las utilizan.

Desde esa perspectiva, recupera la tensión que Freud identifica entre los impulsos individuales y las reglas necesarias para la convivencia colectiva. Moreno vincula ese conflicto con el funcionamiento que adquirieron las redes sociales durante las últimas décadas y con la circulación de noticias falsas y contenidos violentos o fuertemente emocionales.

El problema, entonces, no se reduce a preguntarnos qué pueden hacer las plataformas o qué puede hacer la inteligencia artificial. También obliga a interrogarnos acerca de por qué determinados contenidos consiguen captar nuestra atención, movilizar emociones y orientar comportamientos.

En ese escenario, comprender cómo funcionan las tecnologías se vuelve una herramienta fundamental. Para Moreno, frente a esa dimensión más impulsiva aparece otra capacidad propiamente humana: la posibilidad de pensar, producir conocimiento y comprender el mundo que construimos.

De usuarios a consumidores

La discusión adquiere otra dimensión cuando se observa quiénes poseen y administran las infraestructuras digitales. Moreno advierte sobre la concentración de poder en las grandes compañías tecnológicas y, especialmente, en aquellas que desarrollan sistemas de inteligencia artificial. “La condición de usuario a nosotros nos pone en la condición de consumidores”, señala.

La frase permite poner en cuestión una palabra que forma parte del lenguaje cotidiano de internet: usuario. Detrás de esa aparente neutralidad existe un modelo económico en el que nuestra atención, nuestros datos, nuestros deseos y nuestras decisiones adquieren valor.

Para Moreno, consumir no constituye un problema en sí mismo. La cuestión aparece cuando ese consumo deja de ser reflexivo y comienza a estar orientado por mecanismos capaces de intervenir sobre deseos y gratificaciones. La discusión sobre inteligencia artificial se conecta así con un fenómeno mucho más amplio: el modo en que las tecnologías digitales participan cada vez más de nuestras decisiones cotidianas.

Cuando lo virtual parece no tener límites

Moreno encuentra una manifestación concreta de esta problemática en las formas contemporáneas de consumo y endeudamiento digital. Durante su exposición puso como ejemplo el acceso al crédito mediante billeteras virtuales y las condiciones financieras que pueden acompañarlo. Pero también introdujo una distinción importante: el endeudamiento no puede explicarse exclusivamente por los estímulos al consumo.

Los salarios insuficientes y las dificultades económicas constituyen una parte indispensable del problema. A esa dimensión, sostiene, puede sumarse otra: un entorno digital que facilita la satisfacción inmediata y vuelve menos perceptibles algunos límites. “En lo virtual te parece que al no haber límite te endeudás”, sintetiza.

Su planteo permite extender la pregunta más allá del consumo. La instantaneidad, la disponibilidad permanente y la personalización forman parte de buena parte de nuestra experiencia digital. En ese contexto, la tecnología no solamente ofrece herramientas: también configura ambientes dentro de los cuales actuamos, elegimos y nos relacionamos.

Pensar la inteligencia artificial desde lo humano

Volver a Freud para hablar de inteligencia artificial puede parecer, en principio, un movimiento inesperado. Sin embargo, allí reside una de las claves del debate: pensar las tecnologías no como fenómenos separados de la cultura, sino en relación con los sujetos y las sociedades que las producen y utilizan.

Si las plataformas digitales y los sistemas de inteligencia artificial intervienen cada vez más en la información que consumimos, las decisiones que tomamos y las formas en que nos vinculamos, la discusión no puede quedar limitada a su eficiencia o a sus capacidades técnicas.

Moreno propone recuperar el pensamiento como una herramienta para comprender esas mediaciones y reconocer sus límites. Su lectura de El malestar en la cultura busca, precisamente, relacionar las tensiones planteadas por Freud con las implicancias sociales, culturales y políticas de las tecnologías digitales contemporáneas.

La pregunta por la inteligencia artificial se convierte así en una pregunta mucho más amplia. No se trata solamente de cuánto pueden hacer las máquinas, sino de qué hacemos nosotros con las tecnologías que construimos, qué poderes se organizan alrededor de ellas y qué lugar queremos conservar para la capacidad humana de pensar y decidir.

Tags:InvestigaciónLaboratorio de Inteligencia ArtificialesPsicología
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