La edición de este año invita a pensar cómo se usan los datos y las nuevas tecnologías para gestionar destinos y mejorar las experiencias de viaje. La pregunta va más allá de incorporar herramientas: también importa quiénes toman las decisiones, qué necesidades se atienden y cómo participan las comunidades que reciben a los visitantes.
Antes de llegar a un destino, una persona puede consultar recomendaciones, comparar alojamientos, organizar un itinerario y resolver dudas desde el teléfono. Del otro lado de esa experiencia, agencias, prestadores y organismos públicos reúnen información para entender qué buscan los viajeros y cómo se mueve la actividad turística. La inteligencia artificial empieza a intervenir en muchas de esas tareas. Su avance plantea oportunidades, pero también preguntas sobre la calidad de la información, el uso de los datos y el lugar que ocupan las personas en cada decisión.
Con ese escenario como punto de partida, el 27 de septiembre se celebra el Día Mundial del Turismo 2026. El lema elegido por ONU Turismo, «Agenda digital e inteligencia artificial para rediseñar el turismo», propone explorar cómo la transformación tecnológica puede mejorar las experiencias de quienes viajan, la gestión del sector y las prácticas turísticas sostenibles. El Salvador será el país anfitrión de esta edición.
De las recomendaciones a la gestión de los destinos
Para un viajero, las aplicaciones más visibles de la inteligencia artificial pueden aparecer al buscar información o planificar un recorrido. Un sistema puede responder consultas en distintos idiomas, ordenar alternativas según intereses o facilitar el acceso a datos sobre transporte, actividades y servicios. ONU Turismo, por ejemplo, contempla el uso de información oficial de los destinos para ofrecer respuestas inmediatas y precisas a los visitantes.
Para quienes gestionan la actividad, las posibilidades son otras. Analizar consultas, patrones de viaje y evaluaciones de los visitantes puede ayudar a identificar necesidades que antes resultaban más difíciles de observar. Un municipio podría utilizar esa información para revisar cómo comunica sus atractivos o para detectar demandas de servicios en determinados momentos del año. Una empresa podría mejorar su atención o adaptar una propuesta a distintos públicos.
Pero la disponibilidad de más datos no resuelve por sí sola qué conviene hacer. Una recomendación automatizada puede indicar qué lugares reciben más consultas; decidir si corresponde promocionarlos todavía más exige considerar su capacidad, las condiciones ambientales y la vida cotidiana de quienes habitan allí. También hace falta preguntarse de dónde provienen los datos y qué experiencias quedan fuera de lo que una plataforma alcanza a registrar. Estas son decisiones de gestión que requieren conocimiento local, participación y criterio profesional.
Antes de aplicar tecnología, conocer el territorio
En el Partido de La Costa, nuestra universidad desarrolla desde hace años un trabajo que muestra el valor de producir información sobre un destino. Su Instituto de Estadística realiza, junto con el municipio, relevamientos sobre el perfil de los visitantes: de dónde vienen, cómo viajan, dónde se alojan, cuánto gastan y cómo evalúan su estadía. El informe presentado en 2026 da continuidad a esa investigación.
El relevamiento se basa en encuestas y permite observar cambios a lo largo del tiempo. Sus resultados pueden servir para discutir estrategias de promoción, necesidades de infraestructura o formas de fortalecer la actividad local. En ediciones anteriores participaron estudiantes de la Universidad, lo que convirtió la producción de datos en una experiencia de formación.
No se trata de presentar ese estudio como una aplicación de inteligencia artificial. Su relación con el tema de este año es más fundamental: para que una herramienta digital contribuya a mejorar un destino, necesita información confiable y preguntas bien formuladas. Conocer qué sucede en un territorio es el primer paso para decidir qué problema se busca resolver.
Formarse para un sector que cambia
La transformación digital también modifica el trabajo turístico. Las agencias operan con sistemas de gestión, los destinos se comunican a través de múltiples plataformas y los viajeros llegan con información obtenida de fuentes muy diversas. En ese contexto, la formación profesional incluye aprender a usar herramientas y, al mismo tiempo, evaluar sus resultados y reconocer sus límites.
Durante las Jornadas de Innovación y Extensión, la Atlántida abordó los desafíos de la innovación en las agencias de viajes junto a la empresa Turismatica. A partir de esa vinculación, estudiantes de carreras relacionadas con el turismo acceden a TMA Anywhere, una herramienta de gestión utilizada en el sector. La experiencia les permite acercarse a procesos de trabajo concretos y pensar cómo se integran las tecnologías a la atención y organización de los servicios.
Estas inquietudes también aparecen en los espacios de intercambio estudiantil. Una delegación de la Licenciatura en Turismo participó en el Congreso Internacional de Turismo realizado en Jujuy, donde se debatieron cuestiones vinculadas con turismo y tecnología, inteligencia artificial, patrimonio y sostenibilidad. La diversidad de temas muestra que las decisiones tecnológicas forman parte de una conversación más amplia sobre cómo se desarrollan los destinos y quiénes se benefician de ese desarrollo.
Una experiencia de viaje también se construye escuchando
La promesa de una atención cada vez más personalizada vuelve especialmente importante distinguir entre conocer preferencias registradas por una plataforma y comprender lo que una persona necesita. Un itinerario puede ajustarse a un presupuesto o a una fecha; también puede requerir una conversación para entender expectativas, dificultades de accesibilidad o el sentido que ese viaje tiene para quien lo realiza.
Valentina Piedra Conti, estudiante de Turismo a distancia, contó en una entrevista publicada en nuestro portal cómo su mirada sobre la profesión cambió durante la carrera: pasó de imaginarse vendiendo viajes a reconocer la importancia de asesorar, acompañar decisiones y explicar con claridad cada propuesta. Desde Reconquista, Santa Fe, también proyecta aportar al turismo receptivo de su localidad y dar a conocer atractivos que suelen quedar fuera de los recorridos más conocidos.
Su experiencia reúne dos preguntas centrales para el turismo actual: cómo ofrecer un mejor servicio a quienes viajan y cómo generar oportunidades para las comunidades de destino. Las herramientas digitales pueden ayudar a visibilizar lugares, ordenar información y conectar a más personas con esas propuestas. Para que ese alcance se traduzca en beneficios locales, también se necesitan proyectos situados, profesionales preparados y diálogo con quienes conocen el territorio.
Rediseñar el turismo ¿para quiénes?
El lema del Día Mundial del Turismo 2026 invita a discutir el potencial de la inteligencia artificial sin reducir el futuro del sector a la tecnología disponible. Una herramienta puede agilizar una consulta, pero debe ofrecer información correcta. Puede ampliar el acceso a un destino, pero su uso debe contemplar a personas con distintas necesidades. Puede ayudar a gestionar flujos de visitantes, pero las decisiones sobre el territorio tienen consecuencias para residentes, trabajadores y ambientes naturales.
El Comité Mundial de Ética de ONU Turismo ha señalado, entre los asuntos a atender, la protección de los datos personales y el desarrollo ético y transparente de la inteligencia artificial en el sector. Son cuestiones que acompañan una pregunta práctica: qué mejora concreta produce cada innovación y para quiénes.
Este 27 de septiembre, la fecha ofrece una oportunidad para mirar tanto los avances como las decisiones que los orientan. Investigar los destinos, formar profesionales capaces de interpretar información y escuchar a quienes viajan y a quienes reciben son tareas que permiten darle sentido a la agenda digital. El turismo del futuro se definirá también por cómo use ese conocimiento para cuidar los lugares y crear experiencias más accesibles y valiosas.





