El IV Foro Futuros convocó en Mar del Plata a referentes de Argentina, Chile y Colombia. Con una jornada de intercambio y un laboratorio vivo en Chapadmalal, el encuentro abordó la longevidad, las economías locales y la convivencia entre especies.
¿Cómo queremos habitar los territorios que compartimos? ¿Qué podemos aprender del entorno para imaginar otras formas de vivir? Estas preguntas atravesaron el IV Foro Futuros: Habitar la coexistencia, organizado por el Laboratorio Futuros Atlántida. El encuentro se desarrolló el 23 y 24 de septiembre en Mar del Plata y Chapadmalal. La propuesta combinó un foro en Espacio Chauvín con una jornada de exploración del territorio y prototipado de proyectos. A lo largo de ambas instancias, los participantes trabajaron sobre tres ejes: los futuros de las economías locales, de la longevidad y de la coexistencia entre especies.
En Chauvín, el foro reunió a especialistas y representantes de las universidades participantes para compartir los aprendizajes del Laboratorio Creamos Futuros y debatir cómo el diseño de futuros puede contribuir a los desafíos de cada territorio. La jornada articuló exposiciones sobre innovación empresarial, entornos para vidas más largas, refugios interespecie y supervisión de la inteligencia artificial. Las intervenciones pusieron en diálogo experiencias de los tres países y plantearon las preguntas que orientaron el trabajo de campo y el desarrollo de propuestas del día siguiente.
Laura Novik, directora del Laboratorio Futuros Atlántida, explicó que las jornadas condensaron tres años de trabajo. Ese recorrido permitió ensayar metodologías en distintas comunidades y construir preguntas compartidas sobre las transformaciones sociales, ambientales y tecnológicas.
Para Laura Novik, imaginar futuros requiere reunir miradas diferentes y comprometerse con el territorio. La universidad tiene un papel central en esa tarea: abrir preguntas, explorar posibilidades e involucrar a docentes y estudiantes en la construcción de los mundos que van a habitar.
El Laboratorio Creamos Futuros, una iniciativa de cooperación académica apoyada por ICETEX Colombia, articuló intercambios entre Mar del Plata, Medellín, Popayán y Santander de Quilichao. En cada lugar, el trabajo adquirió formas vinculadas con las necesidades de las comunidades: desde la agricultura sostenible del café hasta las economías creativas y las actividades de la costa.
Durante el foro, Florencia Adriasola, de la Universidad Católica de Chile, compartió estrategias de investigación prospectiva e innovación para empresas, Ana Laura Cantera, directora del laboratorio BIONUMA de la UNTREF, presentó su trabajo con refugios interespecie elaborados a partir de micelio de hongo y Pablo Hermansen, de la Universidad Católica de Chile, propuso reflexiones sobre el futuro de la supervisión de la inteligencia artificial.
La longevidad tuvo su espacio con la participación de Jorgelina Ricchiezza, directora del Instituto de Estudios Gerontológicos de la Atlántida y Flora Proverbio, coordinadora de la Diplomatura Universitaria en Longevidad y Rediseño de Entornos de la UA, quienes compartieron el trabajo del Mar del Plata Longevity Hub. Sus aportes pusieron en discusión cómo incorporar la perspectiva de vidas más largas al diseño de los espacios y a la educación de las distintas generaciones.
Ricchiezza destacó que pensar el futuro supone preguntarse dónde transcurren esas vidas y qué posibilidades ofrece cada entorno. También valoró el intercambio con las universidades colombianas como una oportunidad para compartir experiencias y ampliar esa mirada.
Para Ricchiezza, el territorio es decisivo para la longevidad: puede habilitar oportunidades o convertirse en una barrera a medida que avanzamos en años. Prepararnos para vidas más largas implica transformar los entornos y formar a las distintas generaciones para que puedan desarrollarse en ellos.
El marco territorial del encuentro fue la Biorregión Pampa Atlántica. Desde esa perspectiva, las conversaciones conectaron los desafíos de las comunidades con las condiciones ambientales, sociales y productivas de los lugares que habitan.
Al día siguiente, el Laboratorio Vivo Nidos Futuros trasladó esas preguntas a Chapadmalal. Durante la mañana, los participantes realizaron ejercicios de percepción y observación para explorar el paisaje a través del cuerpo: escuchar, reconocer texturas, registrar el viento y prestar atención a las relaciones con otras formas de vida. Por la tarde, en la sede de la universidad, esas experiencias se convirtieron en insumos para pensar y prototipar proyectos.
Mariana Basanta, directora de Espacio Emprendedor de la UA, destacó que el trabajo corporal permitió reconocer aspectos del entorno que suelen pasar inadvertidos. La dinámica de los “nidos” propuso reunir esas percepciones, ponerlas en común y construir ideas a partir del encuentro entre saberes y experiencias diferentes. Entre las propuestas en desarrollo aparecen refugios para insectos y espacios de cobijo que permitan pensar la convivencia entre seres humanos y otras especies. Esta línea de exploración conecta el diseño con preguntas concretas sobre cómo compartir las ciudades y cuidar los ecosistemas.
Para Daniel Bustamante, responsable de la Maestría Original en Diseño de Futuros de Colegiatura, Medellín, estas prácticas desarrollan capacidades que deberían atravesar la formación académica. Imaginar escenarios a diez o cincuenta años permite ampliar las posibilidades de acción y elaborar proyectos con mayor profundidad social, en un contexto marcado por la inmediatez.
El intercambio también acercó experiencias de otros territorios latinoamericanos. Evert Martínez Romero compartió el trabajo vinculado con UNICOMFACAUCA y las posibilidades que el diseño de futuros abre para estudiantes y emprendimientos del Cauca colombiano. Desde esa experiencia, destacó el potencial de la academia para acompañar transformaciones territoriales orientadas a la paz y la convivencia.
Por su parte, Mauricio Higuita, subdirector de Creatividad de Colegiatura, encontró en la observación de las aves una oportunidad para reflexionar sobre las relaciones y los aprendizajes compartidos. Su intervención vinculó la imaginación con la capacidad de conversar, construir acuerdos y proyectar mejores condiciones de vida.
«Diseñar futuros es un ejercicio de inteligencia colectiva: las ideas individuales se ponen en común, se discuten y se transforman en acuerdos. Imaginar mejores formas de vida exige reconocer que habitamos en relación con los demás y con el entorno»
El cierre dejó mapas y primeras formulaciones para continuar desarrollando proyectos junto con las instituciones aliadas y avanzar en la búsqueda de financiamiento. También abrió una invitación a que más docentes y estudiantes de la Atlántida se sumen a las exploraciones y los intercambios de la red. Con ese horizonte, el Laboratorio Futuros Atlántida continuará trabajando para que las preguntas surgidas del territorio se traduzcan en proyectos de investigación, formación y vinculación con la comunidad.



















