Las formas de estudiar, trabajar y producir conocimiento están atravesadas por transformaciones que ya forman parte de nuestra vida cotidiana. La virtualidad modificó los espacios de formación y encuentro; la inteligencia artificial comenzó a intervenir en tareas, decisiones y procesos creativos; y los cambios tecnológicos también reconfiguran trabajos, vínculos e identidades construidas durante años dentro de las organizaciones.
En una nueva entrega de Interpelarmente, la revista de Psicología Institucional y Organizacional de la Atlántida, recuperamos tres artículos que permiten pensar estas transformaciones desde distintos escenarios. Las prácticas profesionales universitarias, los desafíos que plantea la inteligencia artificial y la experiencia de quienes trabajan en una entidad financiera abren preguntas sobre cambios que no son solamente tecnológicos: también alcanzan nuestros vínculos, nuestras formas de aprender y el modo en que experimentamos el trabajo.
Cuando la formación atraviesa la pantalla
¿Qué cambia cuando una práctica profesional se desarrolla de manera virtual? En el primer número de la revista, Tomás López y Joel Rivero recuperan su experiencia en las prácticas profesionales supervisadas de la carrera de Psicología para analizar las posibilidades y las dificultades que aparecieron con la virtualidad.
La modalidad permitió acortar distancias, vincular a estudiantes de distintas sedes, acceder a instituciones ubicadas en otras localidades e intercambiar experiencias con otros profesionales. Pero los autores también señalan aquello que resulta más difícil de trasladar al espacio virtual: el contacto directo con compañeros y profesores, la inmersión en la vida cotidiana de una institución y los aprendizajes que se construyen a partir de esa presencia.
El artículo propone así una reflexión que excede la experiencia de la pandemia. La virtualidad quedó incorporada como una herramienta posible para la formación y abrió nuevas maneras de transitar la universidad. La pregunta ya no pasa solamente por elegir entre presencialidad o virtualidad, sino por pensar qué aporta cada modalidad y qué experiencias requieren necesariamente del encuentro con otros.
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Inteligencia artificial: más que una herramienta
En el segundo número, Rocío Bustingorri Miranda y Mariana Inés Mendoza ponen el foco en una transformación que atraviesa cada vez más ámbitos de la vida social: la inteligencia artificial. Desde la medicina y las finanzas hasta la educación y el trabajo, sus aplicaciones intervienen en procesos que hasta hace pocos años dependían exclusivamente de las personas.
En La inteligencia artificial, un desafío para la humanidad, las autoras recorren algunas de sus posibilidades, como la automatización de tareas, el análisis de grandes cantidades de datos y la mejora de determinados procesos, pero también advierten sobre los desafíos vinculados con el empleo, los sesgos, la seguridad y el uso responsable de estas tecnologías.
La reflexión adquiere especial relevancia en el ámbito educativo. Incorporar inteligencia artificial no supone solamente aprender a utilizar nuevas herramientas, sino desarrollar una alfabetización digital crítica que permita comprender cómo funcionan, qué intereses pueden atravesarlas y de qué manera influyen en nuestras decisiones y percepciones. El desafío, plantean las autoras, también exige revisar las prácticas pedagógicas y pensar qué lugar queremos darle a la tecnología dentro y fuera del aula.
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Cuando el trabajo cambia, también cambia nuestra relación con él
Las transformaciones del mundo laboral no se limitan a la incorporación de nuevas tecnologías. También modifican tareas, responsabilidades, vínculos y formas de construir una identidad alrededor del trabajo. Sobre esas experiencias escribe Candela Milanesi en el tercer número de Interpelarmente, a partir de entrevistas realizadas a trabajadores de una entidad financiera.
En Más allá del dinero. Entre el reconocimiento y el desgaste en una entidad financiera, la autora indaga en una convivencia compleja: el orgullo por pertenecer a una organización y el reconocimiento construido durante una trayectoria pueden coexistir con el cansancio, la presión y el malestar. El trabajo, desde esta perspectiva, no termina necesariamente cuando finaliza la jornada laboral.
Los cambios tecnológicos atraviesan también esas experiencias. Una de las personas entrevistadas sostiene que “la caja tiende a desaparecer”, una expresión que permite observar cómo la informatización y la virtualización no solo transforman una tarea concreta, sino también maneras de trabajar consolidadas durante años.
Frente a estas transformaciones, el artículo propone no pensar el desgaste exclusivamente como un problema individual. Las formas de organización, las exigencias cotidianas, los vínculos y las condiciones en las que se desarrolla una tarea también intervienen en la experiencia de quienes trabajan. En ese escenario, reconocimiento, pertenencia, compromiso y cansancio pueden formar parte de una misma trayectoria.
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Estudiar a través de una pantalla, incorporar inteligencia artificial a nuestras prácticas o ver cómo una tarea que realizamos durante años comienza a transformarse son experiencias diferentes, pero atravesadas por una pregunta común: ¿cómo habitamos los cambios que modifican nuestras formas de estudiar, trabajar y producir?
Los tres números de Interpelarmente vuelven sobre esa pregunta desde experiencias concretas y muestran que las transformaciones tecnológicas también son institucionales y humanas. Porque cuando cambian las herramientas y las prácticas, también se modifican los vínculos, los aprendizajes y las maneras en que construimos nuestro lugar dentro de las instituciones.





