Dos encuentros gratuitos y abiertos a la comunidad reunirán el 2 y el 16 de octubre, en la sede Mar de Ajó y con opción virtual, a profesionales de distintas disciplinas para abordar la prevención y los diferentes tipos de cáncer, el acompañamiento, la nutrición, el acceso a tratamientos y los derechos de los pacientes.
Hay personas que postergan un control porque temen lo que puedan encontrar. Otras llegan a una consulta después de reconocer en su cuerpo algo que vieron en una campaña. Entre una situación y otra aparece una diferencia que puede ser decisiva: contar con información confiable para saber cuándo consultar y dónde buscar respuestas.
Mariel Santamarina, médica dermatóloga y directora del ciclo, lo observa en su práctica profesional. Después de algunas campañas sobre cáncer de piel, recibió pacientes que identificaron una lesión parecida a las que habían visto en las imágenes de prevención y decidieron consultar.
“Muchas veces la gente tiene miedo y prefiere no saber. En realidad, la prevención funciona al revés: cuando tenés información, podés consultar”.
Esa discusión atraviesa Atlántida Rosa, el ciclo que la Atlántida realizará durante octubre en la sede de Mar de Ajó. La propuesta toma como punto de partida el mes internacionalmente asociado a la sensibilización sobre el cáncer de mama, pero amplía la conversación: se abordarán también la prevención del HPV y del cáncer colorrectal, los derechos de los pacientes, la cobertura de medicamentos por parte de las obras sociales, la nutrición de los pacientes oncológicos, el acompañamiento del paciente y su familia y los tratamientos complementarios.
La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor del 38 % de los cánceres pueden prevenirse mediante la reducción de factores de riesgo y la aplicación de estrategias basadas en evidencia. A eso se suma la detección temprana, que puede mejorar las posibilidades de tratamiento en numerosos tipos de cáncer.
Sin embargo, prevenir no significa trasladar toda la responsabilidad a quien puede enfermarse. También supone el acceso a profesionales, controles, diagnóstico oportuno, tratamientos, medicamentos y sistemas de salud capaces de brindar respuestas. Y requiere algo menos tangible, aunque igualmente importante: poder comprender qué está pasando.
Una mirada integral
El cáncer de mama ocupa un lugar central en las campañas de octubre y continúa siendo el más diagnosticado entre las mujeres a nivel mundial. El ciclo parte de esa visibilidad para ampliar el foco hacia otras enfermedades y plantea preguntas que aparecen antes, durante y después de un diagnóstico.
“Octubre Rosa es el puntapié para charlar sobre estas temáticas”, explica Santamarina. La intención es que los encuentros no se limiten a hablar de la enfermedad solo desde el punto de vista médico, sino que permitan abordar situaciones que atraviesan concretamente la experiencia de pacientes y familias.
El primer encuentro, este 2 de octubre, estará centrado principalmente en la prevención, los diferentes tipos de cáncer y los aspectos legales. El segundo, previsto para el 16, pondrá mayor énfasis en el acompañamiento antes y durante el tratamiento, la nutrición y los abordajes complementarios.
Ese recorrido permite pensar el cáncer más allá de un diagnóstico. A la incertidumbre médica pueden sumarse preguntas familiares, emocionales, económicas y jurídicas: cómo acompañar a alguien que espera un resultado, qué sucede si una cobertura demora una autorización, dónde buscar información sobre un tratamiento o cómo distinguir una recomendación seria de una promesa sin sustento.
Del miedo a la consulta: qué cambia cuando tenemos información
No todos los cánceres se previenen de la misma manera y tampoco cuentan con las mismas estrategias de detección temprana. Por eso, hablar genéricamente de “hacerse controles” puede resultar insuficiente.
En Argentina existen recomendaciones específicas para distintos grupos de población. El Ministerio de Salud, por ejemplo, establece estrategias de tamizaje para el cáncer de mama, el cervicouterino y el colorrectal. En este último caso, la detección de lesiones precursoras permite incluso evitar que algunas de ellas progresen hacia un cáncer. La información sirve, entonces, para entender qué controles corresponden, pero también para reconocer señales que requieren una consulta. El problema aparece cuando el temor al diagnóstico produce el efecto contrario.
“Recuerdo pacientes que llegaron al consultorio después de una campaña porque reconocieron una lesión sospechosa. Esa experiencia permite dimensionar para qué sirve una intervención de prevención cuando logra traducir conocimiento médico en algo que una persona puede identificar y convertir en una decisión concreta”, explica Santamarina.
No se trata de vivir buscando síntomas ni de interpretar cualquier cambio corporal como una enfermedad. Se trata de saber cuándo corresponde preguntar.
Entre profesionales, influencers y promesas: cómo reconocer información confiable
Nunca hubo tanta información sobre salud disponible de manera inmediata. En una misma búsqueda pueden aparecer organismos sanitarios, sociedades científicas, profesionales, testimonios personales, influencers, dietas, suplementos y supuestas curas.
Santamarina advierte que en las consultas aparecen afirmaciones provenientes de redes sociales sobre alimentación, exposición solar, vitamina D o tratamientos contra distintas enfermedades. Algunas contienen información correcta; otras mezclan datos ciertos con conclusiones sin respaldo, y otras directamente contradicen la evidencia disponible.
El desafío no pasa por pensar que las redes sociales son, por definición, un mal lugar para hablar de salud. Profesionales y organismos sanitarios también las utilizan para divulgar. La pregunta es quién produce la información, en qué evidencia se apoya y qué promete.
Las señales de alerta aumentan cuando un contenido promete curas garantizadas, presenta testimonios individuales como prueba científica, intenta vender un producto como solución universal o aconseja abandonar un tratamiento indicado.
Esto adquiere particular importancia frente al cáncer. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos distingue entre las prácticas complementarias, utilizadas junto con la atención médica convencional, y las prácticas alternativas, que pretenden sustituirla. Los tratamientos oncológicos convencionales se sustentan en evidencia científica; muchas terapias alternativas, en cambio, no cuentan con pruebas suficientes sobre su seguridad o eficacia.
El encuentro del 16 de octubre incluye una exposición sobre homeopatía en el paciente oncológico. Su inclusión abre precisamente una conversación que requiere especial cuidado: la homeopatía no debe presentarse como un tratamiento eficaz contra el cáncer ni como reemplazo de las terapias oncológicas basadas en evidencia. Cualquier práctica complementaria debería conversarse con el equipo tratante para evaluar sus riesgos, sus posibles interacciones y la evidencia disponible.
Saber qué tenemos también forma parte del derecho a decidir
Recibir información clara no es solamente una buena práctica de comunicación médica. En Argentina, la Ley 26.529 reconoce derechos vinculados con la información sanitaria, la autonomía de la voluntad y el consentimiento informado. Una persona tiene derecho a conocer y comprender su estado de salud, las alternativas de tratamiento disponibles, sus beneficios y riesgos y a participar en las decisiones sobre su atención. También puede decidir no recibir determinada información.
Para Santamarina, ponerle nombre a lo que sucede evita que la incertidumbre ocupe todo el espacio.
“La gente tiene que saber qué es lo que tiene. Cuando uno tiene información, le quita parte de esa incertidumbre y de esa ansiedad de no saber”.
La forma de comunicar también importa. Acompañar no significa minimizar una enfermedad ni garantizar desenlaces que nadie puede asegurar. Frente a un diagnóstico, frases dichas con la intención de tranquilizar, como “te vas a curar”, pueden desconocer la situación particular de quien está atravesando ese momento.
El segundo encuentro de Atlántida Rosa llevará esa pregunta al centro de la conversación: cómo acompañar al paciente y a su familia antes de recibir un resultado y durante el tratamiento. No para establecer un repertorio de frases correctas, sino para reconocer que acompañar también requiere escuchar, comprender y tolerar que no siempre existe una respuesta tranquilizadora.compañar también requiere escuchar, comprender y tolerar que no siempre existe una respuesta tranquilizadora.
Cuando al diagnóstico se suman trámites y problemas de cobertura
La dimensión jurídica ocupa un lugar específico en el primer encuentro. La Dra. Bettina Demidoff abordará los recursos de amparo y la cobertura de medicamentos, un tema que puede convertirse en una preocupación adicional cuando una persona ya está procesando un diagnóstico y comenzando un tratamiento.
Las reglas de cobertura dependen de la prestación, la indicación médica, el tipo de cobertura sanitaria y la normativa aplicable a cada situación. La Superintendencia de Servicios de Salud dispone de información específica sobre medicamentos incluidos en el Programa Médico Obligatorio y las condiciones de cobertura, mientras que el Ministerio de Salud cuenta con circuitos para el acceso a medicamentos oncológicos destinados a personas con cobertura pública exclusiva. Por eso, conocer los canales institucionales y saber dónde asesorarse puede resultar tan importante como evitar generalizaciones sobre qué debe cubrirse en cada caso.
Para Santamarina, esa dimensión no puede separarse completamente de la experiencia de la enfermedad: al miedo y la incertidumbre puede sumarse la necesidad de conseguir una autorización, acceder a un medicamento o entender qué herramientas existen frente a una negativa.
El cáncer de piel y una prevención que también se aprende
La especialidad de Santamarina permite llevar esa discusión a un terreno particularmente reconocible en la Costa Atlántica: la exposición solar.
La radiación ultravioleta constituye el principal factor de riesgo prevenible para el cáncer de piel. El Ministerio de Salud recomienda combinar diferentes medidas de protección: buscar sombra, utilizar ropa que cubra la piel, usar sombrero y anteojos con protección UV, además de protector solar de amplio espectro con FPS 30 o superior, que debe renovarse cada dos horas y después de nadar, transpirar o secarse con una toalla.
El protector, además, no debe utilizarse como una herramienta para permanecer más tiempo al sol. La recomendación oficial es evitar la exposición directa en los horarios de mayor radiación y sostener los cuidados durante todo el año.
La infancia y la adolescencia merecen especial atención. Las quemaduras solares repetidas durante esas etapas se encuentran entre los factores asociados con un mayor riesgo de cáncer de piel a lo largo de la vida. Allí aparece otro de los puntos en los que Santamarina insiste: muchos hábitos de cuidado se aprenden.
No significa responsabilizar a una familia por una enfermedad. Significa reconocer que las conductas cotidianas, desde ponerse protector hasta naturalizar una consulta médica, también se construyen socialmente y pueden fortalecerse mediante la educación para la salud.
En un territorio atravesado por la playa, el deporte al aire libre y trabajos con exposición prolongada al sol, la discusión deja rápidamente de ser abstracta. Santamarina ha participado, por ejemplo, en acciones locales destinadas a guardavidas para trabajar sobre protección solar e identificación de lesiones.
Informarse para poder preguntar
Atlántida Rosa reúne problemas que suelen aparecer por separado: prevención, diagnóstico, acompañamiento, nutrición, derechos, tratamientos y acceso. La propuesta no busca que una charla reemplace una consulta médica, psicológica o jurídica. Busca que la comunidad disponga de profesionales a quienes escuchar y, sobre todo, a quienes preguntar.
Porque la prevención no consiste en vivir anticipando una enfermedad. Tampoco puede reducirse a una lista idéntica de controles para todas las personas.
Implica reconocer riesgos evitables, acceder a estrategias de detección cuando están indicadas, distinguir evidencia de desinformación y contar con herramientas para participar de las decisiones sobre la propia salud. Y, cuando el cáncer aparece, saber que el tratamiento médico es apenas una de las dimensiones que empiezan a atravesar la vida cotidiana. En esa posibilidad de comprender, preguntar y decidir se juega también una parte del cuidado.
Atlántida Rosa: fechas y actividades
Jueves 2 de octubre | 18 a 22 h
Presencial en sede Mar de Ajó, con opción virtual.
Dra. Mariel Santamarina: dirección y apertura del ciclo.
Dr. Gustavo Mettler: cáncer de mama, HPV, prevención y cáncer.
Dr. Damián Tabares: cáncer colorrectal.
Dra. Bettina Demidoff: aspectos legales de los recursos de amparo y cobertura de medicamentos.
Viernes 16 de octubre | 18 a 22 h
Presencial en sede Mar de Ajó, con opción virtual.
Lic. Marina Freixas: acompañamiento del paciente y la familia antes de recibir el resultado.
Lic. Roxana Chimento: acompañamiento del paciente y la familia durante el tratamiento.
Lic. Vanina Araujo: nutrición y oncología.
Dr. Luciano Colman: homeopatía en el paciente oncológico.





