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EXPERIENCIA ATLÁNTIDAFACULTADESOPINIÓNYO ESTUDIÉ EN LA ATLÁNTIDA

Aprender, enseñar y volver a empezar: nuevas miradas sobre la educación

Atlántida
Atlántida29 de octubre de 2026No hay comentarios
Publicado en Oct. 29, 2026 at 12:01 am29 de octubre de 2026
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¿Qué significa enseñar cuando la inteligencia artificial puede responder preguntas? ¿Qué lleva a una persona a regresar a la universidad después de los 60 años? ¿Cómo nacen nuevas propuestas educativas? En esta entrega de Interpelarmente, la revista de Psicología Institucional y Organizacional de la Atlántida, recuperamos tres reflexiones sobre los vínculos, las experiencias y las transformaciones que atraviesan la formación universitaria.

La educación no se limita a la transmisión de conocimientos ni a una etapa determinada de la vida. También implica construir vínculos, compartir experiencias, formular preguntas y encontrar nuevas maneras de participar en las instituciones. En ese recorrido, tanto quienes enseñan como quienes aprenden pueden transformar sus perspectivas y descubrir posibilidades que antes no habían considerado.

Las transformaciones tecnológicas, los cambios en las trayectorias personales y las iniciativas que surgen dentro de las propias universidades invitan a revisar algunas ideas tradicionales sobre la enseñanza. ¿Quién ocupa el lugar de quien sabe? ¿Qué sucede cuando una persona vuelve a estudiar después de varias décadas? ¿De qué manera una experiencia académica puede convertirse en un proyecto colectivo?

En esta nueva entrega de Interpelarmente, recorremos tres artículos publicados en diferentes números de la revista de Psicología Institucional y Organizacional de la Universidad Atlántida. Desde el nacimiento de una publicación estudiantil hasta los desafíos de enseñar en tiempos de inteligencia artificial y las experiencias de aprendizaje en la adultez mayor, los textos permiten reflexionar sobre una dimensión compartida: las instituciones educativas también se construyen y transforman a partir de quienes las habitan.

Cuando una experiencia de formación se convierte en un proyecto colectivo

Una propuesta académica puede comenzar con una pregunta y terminar convirtiéndose en una experiencia que trasciende el aula. Así ocurrió con Interpelarmente, una revista que surgió a partir del trabajo desarrollado en las Prácticas Profesionales Supervisadas (PPS) de Psicología Institucional y Organizacional de la Atlántida.

En “Instituir o no instituir, esa es la cuestión”, publicado en el primer número de la revista, el docente Germán Rozas recupera el proceso de organización de estas prácticas y los desafíos que implicó construir una propuesta de formación vinculada con diferentes ámbitos de intervención profesional.

El autor explica que uno de los objetivos fue ampliar las experiencias de los estudiantes y favorecer su acercamiento a distintos espacios institucionales. Para ello, se reorganizaron las prácticas con el propósito de incorporar actividades en diversas áreas de la Psicología, más allá de los recorridos tradicionales de formación.

La iniciativa también planteó interrogantes sobre las posibilidades de transformar las prácticas establecidas dentro de una institución educativa. En ese sentido, el artículo recupera el valor de generar propuestas que permitan experimentar nuevas formas de enseñar, aprender y participar en la vida universitaria.

Fue en ese contexto cuando surgió la idea de crear una revista con producciones de los estudiantes. La propuesta buscaba recuperar los trabajos desarrollados durante las prácticas profesionales y convertirlos en una publicación que permitiera compartir experiencias, reflexiones y aprendizajes.

En el editorial que acompaña ese primer número, Jorgelina Ricchezza, actual vicedecana de la Facultad de Psicología, también reconstruye el origen de la iniciativa. Allí explica cómo las experiencias de supervisión, los intercambios entre estudiantes y el análisis de situaciones institucionales dieron lugar a producciones que merecían circular más allá del espacio de cursada.

De esta manera, la revista nació como una construcción colectiva en la que los estudiantes asumieron un papel activo, no solamente en la elaboración de contenidos, sino también en el desarrollo de una publicación académica.

La experiencia permite reconocer que la formación universitaria puede generar nuevos espacios de participación cuando las instituciones habilitan propuestas que recuperan los intereses, las capacidades y las iniciativas de su comunidad.

Leé el artículo completo acá.

Enseñar en tiempos de inteligencia artificial: el valor de acompañar

La inteligencia artificial puede responder preguntas, elaborar textos y facilitar el acceso a grandes cantidades de información. Sin embargo, estas posibilidades también abren nuevos interrogantes sobre el papel de quienes enseñan y sobre aquello que distingue a los vínculos educativos de la simple transmisión de contenidos.

En “¿Quién enseña a quién? Acompañar sin rostro en la era de la IA”, publicado en el segundo número de Interpelarmente, Johana Elizabeth Birnunzio y Oriana María Márquez Mione reflexionan sobre el lugar de los ayudantes alumnos en la formación universitaria y las transformaciones que atraviesan las relaciones de enseñanza y aprendizaje.

Las autoras parten de una pregunta sobre el significado de ser ayudante alumno y el lugar que ocupa esta figura dentro de una cátedra. Lejos de concebirla únicamente como una instancia de formación previa al ejercicio docente, proponen comprenderla como una experiencia en la que enseñar y aprender forman parte de un mismo proceso.

Desde esta perspectiva, quien acompaña una clase no ocupa necesariamente una posición de conocimiento acabado. También aprende de las preguntas, las experiencias y los intercambios con los estudiantes, en una relación que puede transformar a todos sus participantes.

El artículo recupera aportes de Enrique Pichon-Rivière, Paulo Freire y Cornelius Castoriadis para cuestionar los modelos educativos basados exclusivamente en la transmisión unilateral del saber. En su lugar, las autoras destacan la importancia del diálogo, la participación y la construcción colectiva del conocimiento.

Esta reflexión adquiere una nueva dimensión frente al desarrollo de la inteligencia artificial. Si las herramientas tecnológicas pueden resolver determinadas tareas y ofrecer respuestas inmediatas, resulta necesario revisar qué significa enseñar y cuál es el aporte específico de los vínculos humanos en los procesos educativos.

Para las autoras, el desafío no consiste en competir con la tecnología por la acumulación de información, sino en fortalecer la capacidad de acompañar procesos, sostener preguntas y generar condiciones para el pensamiento y la creación.

El trabajo también plantea que asumir el rol de ayudante alumno implica habitar una posición de incertidumbre, abandonar algunas certezas y reconocer que el conocimiento se construye en relación con otros.

En tiempos en los que acceder a una respuesta resulta cada vez más sencillo, esta mirada recupera una dimensión fundamental de la educación: aprender también requiere espacios donde sea posible preguntar, equivocarse, intercambiar perspectivas y construir nuevas ideas.

Leé el artículo completo acá.

Volver a estudiar después de los 60: aprender en otra etapa de la vida

Regresar a la universidad después de los 60 años puede significar mucho más que retomar una actividad académica. Para algunas personas representa la posibilidad de desarrollar intereses postergados, construir nuevos vínculos y encontrar espacios de participación en una etapa de importantes transformaciones personales.

En “Estudiar después de los 60: la institución como refugio y renacimiento”, publicado en el tercer número de Interpelarmente, Edith Marisa Ojeda reflexiona sobre el significado que puede adquirir el regreso a los estudios universitarios durante la adultez mayor.

La autora parte de una pregunta sobre las razones que llevan a una persona a volver a estudiar después de haber transitado diferentes instituciones a lo largo de su vida. En ese recorrido, recupera aportes de Fernando Ulloa, Cornelius Castoriadis y Edgar Morin para analizar los vínculos entre las experiencias personales, las relaciones de autoridad y las dinámicas institucionales.

El artículo plantea que ingresar nuevamente a un espacio educativo implica encontrarse con normas, jerarquías y formas de organización que pueden resultar conocidas, pero que adquieren otros significados según el momento de la vida.

Para una persona que regresa a estudiar después de décadas, volver a ocupar el lugar de estudiante también puede despertar recuerdos, expectativas y temores vinculados con experiencias anteriores. La relación con los docentes, la evaluación y las exigencias académicas pueden reactivar formas de vincularse con la autoridad construidas durante la juventud.

Sin embargo, Ojeda también reconoce que la universidad puede convertirse en un espacio de pertenencia y renovación personal. Frente a situaciones de aislamiento, cambios en las rutinas o transformaciones asociadas con la jubilación, la participación en una institución educativa puede ofrecer nuevas oportunidades para construir proyectos y relaciones.

Desde esta perspectiva, estudiar no responde exclusivamente a la necesidad de obtener un título o desarrollar una profesión. También puede representar una búsqueda de sentido, una manera de sostener la curiosidad y una oportunidad para explorar intereses que permanecieron postergados.

La autora propone pensar este regreso como una experiencia atravesada por tensiones entre las estructuras institucionales conocidas y las posibilidades de construir nuevas formas de participación. La universidad puede ofrecer protección y pertenencia, pero también presenta desafíos que cada persona transita desde su propia historia.

Su reflexión permite ampliar la mirada sobre el aprendizaje a lo largo de la vida y reconocer que la formación universitaria puede adquirir nuevos significados en diferentes etapas de la trayectoria personal.

Leé el artículo completo acá.

La educación como una experiencia que se transforma

La creación de una revista estudiantil, los interrogantes sobre la enseñanza en tiempos de inteligencia artificial y el regreso a la universidad después de los 60 años muestran distintas maneras de habitar los espacios educativos.

Aunque los tres artículos abordan experiencias diferentes, coinciden en reconocer que el aprendizaje no se produce de manera aislada. Está atravesado por vínculos, expectativas, trayectorias personales y condiciones institucionales que influyen en las posibilidades de enseñar, participar y construir conocimientos.

También permiten pensar que las instituciones educativas no permanecen ajenas a las transformaciones de la sociedad. Las tecnologías modifican las formas de acceder a la información, las trayectorias personales amplían las maneras de participar en la universidad y las iniciativas colectivas pueden abrir espacios que antes no existían.

Desde estas perspectivas, Interpelarmente invita a reconocer que la educación es un proceso abierto, en el que las experiencias de docentes y estudiantes pueden generar nuevas preguntas y posibilidades de transformación. Porque enseñar y aprender no son acciones que se agotan en un aula ni en una etapa de la vida, sino experiencias que pueden renovarse a lo largo del tiempo.

Tags:DocentesEstudiantesInterpelarmentePsicología
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