La tercera entrega del ciclo dedicado a Interpelarmente recupera artículos de los tres números de la Revista de Psicología Institucional y Organizacional para abordar las violencias, las nuevas masculinidades y las transformaciones impulsadas por los feminismos. Tres trabajos que, desde perspectivas diferentes, interrogan aquello que durante años fue asumido como parte del orden establecido.
Hay ideas que durante mucho tiempo circularon como evidencias: que determinadas tareas correspondían naturalmente a las mujeres, que los varones debían mantenerse alejados de lo afectivo, que algunas formas de violencia pertenecían al ámbito privado o que muchos de los derechos que hoy forman parte de la vida cotidiana simplemente estuvieron siempre allí. Cuando esas certezas comienzan a ponerse en cuestión, también se vuelve posible observar las instituciones, los vínculos y las prácticas que contribuyeron a sostenerlas.
Ese interrogante atraviesa los tres trabajos que elegimos para esta nueva entrega de Interpelarmente, la sección en la que cada jueves recuperamos producciones de los distintos números de la Revista de Psicología Institucional y Organizacional de la Facultad de Psicología de la Atlántida. En esta oportunidad, los textos permiten recorrer un mismo problema desde lugares diferentes: las violencias de género, la construcción de las masculinidades y el papel de los feminismos en la transformación de aquello que una sociedad considera posible, legítimo o natural.
Cuando la violencia interpela a las instituciones
En el primer número de Interpelarmente, Karen Bacci, Marina Lazarte y Bárbara Paulsen abordan en “Violencia de género: un desafío para las instituciones del siglo XXI” una problemática que, precisamente, obliga a desplazar la mirada de lo individual. Las autoras parten del campo de la Psicología Institucional para preguntarse por el papel que las instituciones pueden desempeñar tanto en la reproducción de determinadas prácticas como en su prevención y abordaje.
El artículo recorre las diferentes modalidades que puede asumir la violencia de género y advierte que no se limita a la violencia física. La dimensión psicológica, sexual, económica, simbólica e institucional permite reconocer formas de desigualdad que pueden resultar menos visibles, pero que también producen efectos concretos sobre quienes las atraviesan. El trabajo amplía además la mirada hacia las violencias que afectan al colectivo LGBTIQ+ y señala la persistencia de prejuicios y dificultades institucionales para responder a sus necesidades.
Pero el texto no permanece únicamente en el diagnóstico. Las autoras relevan organismos, espacios y dispositivos de Mar del Plata vinculados con la atención y el acompañamiento, y proponen intervenciones posibles desde la Psicología Institucional: prevención, concientización, trabajo interdisciplinario, articulación entre instituciones y construcción de espacios que permitan revisar las propias prácticas.
La pregunta, entonces, no es solamente qué hace una institución frente a una situación de violencia. También es qué concepciones, prejuicios y relaciones de poder circulan dentro de ella y de qué manera pueden ser transformados.
Masculinidades: cuando cuidar también significa transformar
El segundo número permite observar otra parte de ese entramado. En “Las nuevas masculinidades y el derecho a cuidar”, Sabrina Lapenta se detiene sobre una división profundamente instalada en nuestra cultura: aquella que durante décadas vinculó al varón con la fuerza, la autonomía y la racionalidad, mientras ubicó el cuidado, lo emocional y lo afectivo dentro de un universo predominantemente femenino.
La autora señala que esas representaciones no son naturales, sino construcciones sociales e históricas. Y esa distinción resulta central porque permite convertir algo aparentemente inmodificable en una pregunta: ¿qué lugar ocupan hoy los hombres en el cuidado cotidiano? ¿Por qué continúa resultando difícil imaginar al padre como una figura central de la crianza? ¿Qué consecuencias tiene esa distribución de responsabilidades para niñas, niños y adolescentes?
El artículo propone pensar las nuevas masculinidades no como un modelo que simplemente reemplaza a otro sino como la posibilidad de revisar mandatos y habilitar formas más diversas de vivir la masculinidad y la paternidad. Desde esa perspectiva, cuidar deja de aparecer como una ayuda ocasional y pasa a comprenderse como una responsabilidad, un vínculo y también un derecho.
La transformación alcanza así a todos los actores involucrados. Cuestionar la idea de que determinadas tareas corresponden naturalmente a las mujeres implica también abrir para los varones espacios afectivos y de cuidado de los que históricamente fueron apartados.
Leer “Las nuevas masculinidades y el derecho a cuidar” y recorrer el segundo número completo
Los derechos que alguna vez no estuvieron
El tercer número lleva esa discusión hacia la dimensión histórica y colectiva. Macarena Moreno parte de una frase cotidiana y aparentemente sencilla para titular su artículo: “El feminismo no hizo nada por mí”. A partir de allí, se detiene en una contradicción que muchas veces permanece invisible: buena parte de las posibilidades que hoy parecen formar parte natural de la vida de las mujeres son resultado de procesos sociales, disputas y conquistas que tuvieron al movimiento feminista como protagonista.
Trabajar, estudiar, votar, decidir sobre el propio cuerpo o tener una voz pública no fueron siempre posibilidades garantizadas. El texto propone mirar ese recorrido para desnaturalizar el presente y recordar que los derechos también tienen una historia.
Moreno vincula esa reflexión con las luchas contemporáneas frente a las violencias y los femicidios. En ese recorrido aparecen las movilizaciones de Ni Una Menos y la ocupación del espacio público como formas de transformar una experiencia que podría permanecer individual en un problema colectivo capaz de interpelar al Estado y modificar instituciones.
El artículo permite, además, pensar una cuestión que atraviesa toda esta entrega: cuando una desigualdad se vuelve cotidiana puede llegar a parecer natural. Nombrarla, volverla visible y reconocer su dimensión histórica constituye un primer movimiento para poder modificarla.
Leer “El feminismo no hizo nada por mí” y recorrer el tercer número completo
Tres textos, una misma pregunta
Leídos en conjunto, los artículos de Bacci, Lazarte y Paulsen; Lapenta; y Moreno permiten reconstruir distintas capas de una misma discusión. Las violencias no aparecen aisladas de las instituciones que deben prevenirlas y abordarlas; las masculinidades no pueden comprenderse por fuera de los mandatos que históricamente organizaron los roles de género; y los derechos actuales tampoco pueden separarse de los procesos colectivos que hicieron posible conquistarlos.
Ese diálogo entre textos publicados en diferentes números es también una invitación a recorrer Interpelarmente más allá de cada artículo particular. La revista reúne producciones surgidas en el marco de las Prácticas Profesionales Supervisadas de Psicología Institucional y Organizacional y convierte esas experiencias de formación en una oportunidad para observar instituciones, vínculos y problemas contemporáneos desde preguntas que permanecen abiertas.Porque aquello que una sociedad considera natural también tiene una historia. Y volver sobre ella puede ser una manera de empezar a imaginar otras formas de habitar nuestras instituciones, nuestros vínculos y nuestra vida cotidiana.
Cada jueves continuaremos recuperando tres artículos, uno de cada edición de Interpelarmente, para ponerlos en conversación y abrir nuevos recorridos por la revista.





