En el marco del Día de las Niñas y los Niños, la fecha puede convertirse también en una oportunidad para detenernos a pensar cómo acompañamos sus procesos de crecimiento y aprendizaje. Más allá de una celebración particular en el calendario, cuidar las infancias supone una tarea cotidiana en la que la presencia de los adultos, los vínculos afectivos, el juego y el uso responsable de la tecnología ocupan un lugar central.
Así lo plantea la Lic. Verónica Berardi, directora de la carrera de Psicopedagogía de la Universidad Atlántida, quien propone ampliar la mirada más allá de la efeméride: “Todos los días y todos los meses son de nuestras infancias, de nuestros niños y nuestras niñas”.
La infancia constituye un período fundamental para la construcción de las formas de aprender, vincularse y comprender el entorno. Berardi destaca que durante estos años se configura lo que desde la Psicopedagogía se denomina la matriz de aprendizaje: los modos particulares mediante los cuales cada persona se relaciona con el conocimiento y con el mundo.
En ese proceso, la presencia de los adultos resulta fundamental. Sin embargo, estar presentes no necesariamente significa disponer de grandes cantidades de tiempo. “La cantidad de tiempo no hace a la calidad. Es mejor brindar calidad más que cantidad”, señala.
Tecnología: acompañar sin reemplazar
Uno de los desafíos contemporáneos de la crianza aparece en la relación de niños y niñas con las pantallas y los dispositivos tecnológicos. Para Berardi, la discusión no debería centrarse en rechazar la tecnología, sino en pensar qué lugar ocupa y de qué manera intervienen los adultos.
“No vamos a demonizar la tecnología. Es algo maravilloso que vino para quedarse, nos ayuda a aprender y nos ayuda a pensar”, sostiene. Pero establece una distinción fundamental: la tecnología puede acompañar los procesos de aprendizaje y desarrollo, pero no sustituir los vínculos humanos.
“Nos tiene que ayudar, nos tiene que acompañar, pero no va a suplantar ni a reemplazar al adulto”, afirma.
La supervisión de los contenidos, el establecimiento de límites y el acompañamiento en el uso de dispositivos forman parte, entonces, de las responsabilidades adultas. Especialmente durante una etapa en la que niños y niñas están construyendo sus maneras de percibir, comprender y habitar el mundo.
El valor del juego, los vínculos y el sostén afectivo
Frente a una vida cotidiana cada vez más atravesada por las pantallas, Berardi invita también a recuperar experiencias esenciales para el desarrollo infantil: el juego, lo simbólico, la conversación y los momentos compartidos.
El sostén afectivo tiene, además, una relación directa con los procesos de desarrollo y aprendizaje. Lo emocional, lo cognitivo y lo neurobiológico no funcionan como dimensiones aisladas, sino que se encuentran profundamente relacionados.
Por eso, acompañar las infancias también implica generar entornos seguros en los que niños y niñas puedan explorar, jugar, preguntar, equivocarse y aprender acompañados por adultos disponibles.
Consultar también es cuidar
Otro aspecto que destaca Berardi es la importancia de recurrir a profesionales cuando aparecen dudas respecto del desarrollo, el aprendizaje o determinadas dinámicas familiares.
“Ante cualquier duda, no se queden con la inquietud, consulten con los profesionales. Siempre es mejor resolver a tiempo, cambiar alguna cuestión de la dinámica familiar que reparar”, explica.
La consulta profesional no necesariamente supone la existencia de un problema o un diagnóstico. También puede convertirse en una herramienta para orientar a las familias y revisar prácticas cotidianas antes de que determinadas dificultades se profundicen.
En ese sentido, la especialista propone no reducir nunca la identidad de un niño o una niña a una dificultad particular o a un diagnóstico. Antes que cualquier categoría, están su nombre, su historia, sus vínculos, sus intereses y su singular manera de relacionarse con el mundo.
En el mes de las infancias, la invitación es entonces a recuperar aquello que ninguna tecnología puede reemplazar: la presencia, el cuidado, el diálogo y el tiempo verdaderamente compartido. Porque acompañar a niños y niñas no es solamente pensar en su futuro, sino reconocerlos y cuidarlos en el presente.
Verónica Berardi es licenciada en Psicopedagogía, docente universitaria y directora de la carrera de Psicopedagogía de la Universidad Atlántida.





